Disimulada la ira del cansado,
sin vista irritada,
sin voz descontrolada.
Se encierra en sí mismo, callado
de manos rotas
con piernas muertas
y corazón helado.
Silencio sin tregua
para los oídos que tocan
suaves melodías.
Se opaca el alboroto,
como una piedra en un río,
mi ira atropellada
reacciona indiferente
a los llantos del destino.
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