martes, 20 de enero de 2009

Colinas

Grandes espacios llenos de oxido y dolor
atrapados en ceniza que se riega maldita
mientras se apodera de las almas el terror,
se desvanece la esperanza, muy marchita.

De los miedos ajenos se alimenta el entorno
para levantar hambrientos, grotescos despojos,
que buscan y destruyen a los sobrevivientes ,
culpables resignados de la aparición de sus entes.

Son dueños del cemento al sonar las campanas,
los cuales se hacen escuchar arrastrando lamentos
colgados y lacerados, padecen los callados
para dejar a su paso el silencio de las mañanas.

Todo gira en torno a la dulce venganza,
la de la sonrisa dolorosamente siniestra
que con cruel lentitud, se clava como lanza,
gira certera, entre los grises que asesta.

Estos son los sueños de las niñas graciosas
que se encierran en capullos quemados,
con la boca cerrada y los deseos atados,
entonces, regresan a su colina silenciosa.

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