Ya no importa nada,
ni el crujir de las hojas secas
cuando solías pasear por elíseos.
El sonido mas bendito que podía recibir del suelo;
de pasos lentos y mirada perdida,
se grabo en mi memoria tu ropa sin color,
la que rosaba el suelo mientras avanzabas
ensuciando los bordes de color marrón.
Y con el brazo extendido acariciabas el viento,
regalándome dulces céfiros,
mientras te seguía descalzo.
Tu me creaste vagabunda,
y tuyos son mis versos
pues de tus caricias soy pincel
que quiere pintarte en poesía.
Ya no importa nada,
soy tan solo intento que pretende resignación.
hermosos versos
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muchos saludos
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