Con dos lados se cubre mi espacio finito,
uno es cristal roto, el otro cemento
con agujero izquierdo para el agua y el viento,
mantas rojas para crear el rito,
que me resguardan, disimuladas, de la gente,
sus ojos, sus quejas, su bulla estridente
y que se levanten las telas por las precipitaciones,
la lluvia con su calma que me regala canciones.
Impulsada en diagonal por brisas,
que adornan el cielo en movimiento
como poseído, parece que se esta rompiendo
nubes que de gruesas pasan a lisas.
Hasta que desaparecen del empíreo sus gotas
me escondo, tras persianas, oscuridad,
con los ojos cerrados,la desdicha rota
porque después del chubasco todo es felicidad.
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